
La ex-hacienda de Coahuixtla es una maravilla desde cualquier ángulo que se le vea. Tuve la oportunidad de ser invitado a una celebración etílica y reflexiva. O sea, la celebración de un cumpleaños, con misa y caballos incluidos. Tremenda pachanga con Banda de pueblo, carnitas, chelas y mucho ánimo.
Todo el mundo me había platicado de las bondades y laberintos de esta obra arquitectónica, pero la verdad es que me desbordó. La alegría y el placer de estar en ese lugar mítico y lleno de texturas y laberintos me lleno de un sentimiento que no termina de asentarse.
Tomé como un millón de fotos, desde todos los resquicios y las ópticas posibles y aún así me quede con ganas de seguir atrapando instantes.
Si, los fotográfos somos insaciables.
Prometo publicar más fotos.
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